El motor imaginario: un efecto sorprendente

El motor imaginario es una hipótesis que defiende la existencia de un mecanismo a través del cual una persona puede llegar a fortalecer sus músculos solo con pensar en ellos. Hoy os hablamos un poco más de este fenómeno tan curioso.

La mente humana nunca deja de sorprendernos. Esta vez, la noticia fue difundida por la BBC y sorprendió al mundo. Un científico del Reino Unido evidenció la existencia del motor imaginario, un mecanismo por el cual hacer ejercicios en la mente es casi igual a hacerlos físicamente.

El motor imaginario es un medio para activar el cuerpo, por medio de la mente, sin hacer ningún movimiento. Finalmente es el cerebro el que determina la forma como funciona todo el organismo. El motor imaginario es posible, precisamente por esa notable incidencia.

Gracias a los nuevos hallazgos, la hipótesis de que hay factores, como la conciencia, que son determinantes en el funcionamiento del cuerpo. Eso fue lo que defendió el profesor Tony Kay de la Universidad de Northampton (Reino Unido) en un programa de la BBC.

Soy un cerebro, Watson. El resto de mí es un mero apéndice”.

-Arthur Conan Doyle-

El motor imaginario

La BBC tiene un programa televisado que se llama “Confía en mí, soy médico”. Allí suelen presentar casos poco comunes, relacionados con el cuerpo humano y la salud. El profesor Tony Kay fue invitado para que expusiera su teoría sobre el motor imaginario, un concepto del que no se había hablado hasta ahora.

Kay aseguraba que era posible “entrenar” físicamente empleando la imaginación. Algo así como pensar en hacer ejercicio y que ese solo hecho produjera efectos similares a los del ejercicio real, sobre el cuerpo.

Para probarlo, este experto en biomecánica del deporte reclutó a siete voluntarios. Todos ellos tenían algo en común: eran sedentarios. No les gustaba hacer ejercicio y se limitaban a moverse solamente por lo que les exigieran sus actividades diarias.

Un experimento revelador

Para probar su teoría acerca del motor imaginario, lo primero que hizo el profesor Kay fue determinar una parte del cuerpo como punto de referencia. Se decidió por la pantorrilla. Si sus tesis eran correctas, esta zona mostraría cambios después de que se hubiesen practicado las rutinas mentales adecuadas.

El profesor midió la fuerza de la pantorrilla de cada uno de los voluntarios, con un dinamómetro. Luego, determinó el tamaño, valiéndose del ultrasonido. Finalmente, estableció el porcentaje real de músculo que cada voluntario empleaba. Para precisar esa magnitud, les pidió que contrajeran la pantorrilla tanto como pudieran y midió ese movimiento a través de electrodos.

Luego los voluntarios se comprometieron a continuar con su vida normalmente, salvo por una cosa. Todos los días tendrían que dedicarle unos 15 minutos a pensar en esa contracción de pantorrilla que acababan de realizar. Nada más que eso. No tenían que mover ningún músculo, sino solamente pensar en moverlo.

Los sorprendentes resultados del experimento

Pasado un mes, el mismo grupo de voluntarios fue examinado de nuevo, con los mismos instrumentos con los que se les habían hecho las mediciones antes de comenzar con las prácticas diarias. Los resultados comprobaron que el profesor Kay tenía razón en su teoría del motor imaginario.

Básicamente, ninguno de los voluntarios presentó un aumento en los músculos comprometidos en el movimiento. Sin embargo, todos habían aumentado la fortaleza de sus pantorrillas. En promedio, el incremento era de un 8 %. Incluso uno de los participantes alcanzó casi un 34 % más de fortaleza, respecto a la medición inicial.

Así mismo, al comenzar el experimento los participantes usaban el músculo en un porcentaje de 46,3 % en promedio. Después de un mes, dicho porcentaje se elevó hasta alcanzar un 68,8 %. Era claro que se habían producido cambios observables y que estos provenían de esos 15 minutos diarios de trabajo mental. El motor imaginario acumulaba evidencias que apoyaban su existencia.

Las razones que explican estos resultados

El profesor Tony Kay explicó que el ejercicio diario de pensar en la pantorrilla hizo que los voluntarios adquirieran mayor conciencia sobre la composición y el movimiento de las fibras musculares en esta zona del cuerpo. Esto, a su vez, les permitía estimularlos y moverlos más integralmente cuando lo requerían en la vida diaria.

Esa conciencia llevaba a que fueran capaces de producir mayor fuerza en esa zona cuando realizaban algún movimiento con ella. El efecto es que lograron fortalecer las pantorrillas solamente empleando el motor imaginario.

Actualmente son muchos los deportistas de alto rendimiento que emplean este tipo de técnicas para mejorar su rendimiento. Los hallazgos también podrían ser aplicados en personas que tienen lesiones o que por alguna razón no pueden moverse durante algún tiempo. La teoría del motor imaginario a su vez apoya otra hipótesis: la de que con nuestro cerebro podremos alcanzar metas que ni siquiera imaginamos.

Edith Sánchez

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