Causas ocultas detrás de la pereza que debes conocer

¿Qué hay detrás de la pereza? Aunque muchos no lo crean, esta dimensión puede esconder la sombra de una depresión, el rumor de los miedos, el peso del estrés o incluso la presión de una sociedad que ensalza en exceso el esfuerzo y el logro de objetivos… Así, podríamos decir, sin duda, que estamos ante una dimensión con grandes condicionantes psicológicos que debemos conocer.

Basta hacer una mínima búsqueda en la red para ver la gran cantidad de artículos relacionados con la pereza. Ahora bien, la mayoría de ellos tienen un mismo enfoque, una misma finalidad: la obligación de vencerla.

Nos ofrecen decenas de estrategias para desprendernos de esa realidad tan común, como quien se quita un vestido viejo o una incómoda costra. Sin embargo, rara vez nos invitan a entender que detrás de la pereza pueden existir procesos latentes y hechos, descuidados.

Por otro lado, expertos en el tema, como el doctor Nando Pelusi, psicólogo evolutivo y terapeuta racional-emotivo, nos explican algo muy interesante al respecto. Nuestra especie ha tendido a ahorrar energía. Es decir, la pereza, o más bien esa inmovilidad que a veces nos caracteriza, es algo que hemos heredado de nuestros antepasados.

Cuando los recursos eran escasos e inseguros, tendíamos a guardar fuerzas con el pensamiento de que las podíamos necesitar en cualquier momento. Quizá, en el mismo sentido, el abrazo de la pereza se deba a que percibimos también cierta inseguridad a nuestro alrededor y necesitamos de un tiempo de introspección y quietud para guardar energías y reflexionar.

Ahora bien, tal y como señala el doctor Pelusi, está en nuestros genes esa capacidad para reaccionar, luchar y buscar soluciones a problemas en terrenos que no hemos transitado. La pereza, por tanto, tiene (en gran parte de los casos) su razón de ser y su finalidad. En este sentido, entenderla, saber qué hay detrás de ella nos puede facilitar la vida en muchos aspectos.

“Sabemos lo que somos, no lo que podemos ser”.

Hamlet, William Shakespeare-

Factores detrás de la pereza

Lo que hay detrás de la pereza no es siempre debilidad. Tampoco es ociosidad, dilación o procrastinación. En ocasiones, tendemos a confundir términos y es necesario separar una cosa de otra.

Por ejemplo, sabemos que la pereza y la persona que procrastina tienen un elemento en común: la baja motivación. Sin embargo, el procrastinador sí tiene la intención o la idea de emplearse en la tarea.

En cambio, la persona caracterizada por la pereza no siempre se ve con fuerzas para llegar a cumplir sus objetivos. Por tanto, es en esos casos cuando sería necesario saber qué hay detrás de ese estado. Veamos las causas más frecuentes.

La pereza como máscara del miedo

La pereza simula a esa cama mullida y confortable de la que huir de la realidad. Nos abandonamos a ella cuando en nuestro día a día nos acompañan de la mano excesivos miedos. Miedo a no llegar cumplir aquello que nos habíamos propuesto, miedo a fallar, temor a no ser lo que otros esperan, angustia por tener que enfrentarnos a eso que no controlamos…

Al poco terminamos haciéndolo: lo dejamos todo para mañana o mejor, para cuando me vea con más ánimos. Sin embargo, ese mañana nunca llega porque los miedos ya colapsan toda nuestro mundo.

La pereza como síntoma de la depresión

La depresión no siempre es fácil de detectar para quien la sufre. En gran parte de los casos se camufla tras el agotamiento, la apatía y ese desánimo que todo lo engulle en su agujero negro.

De este modo, estudios como el llevado a cabo en la Universidad de Medicina de Harvard y publicado en la revista Clinical Neuroscience nos revelan precisamente que la pereza es un síntoma recurrente en gran parte de los pacientes depresión. Por tanto, no descuidemos nunca esa realidad, sobre todo si va acompañada de síntomas psicológicos como la desesperanza, la negatividad y los pensamientos fatalistas.

Causas biológicas

Detrás de la pereza pueden existir condiciones médicas que es necesario clarificar. Así, ante estados de cansancio prolongado, de agotamiento y desánimo, siempre es conveniente realizar una serie de pruebas clínicas diagnósticas. No podemos dejar de lado que cualquier alteración en la glándula tiroides, así como la diabetes, la anemia, la apnea del sueño, las enfermedades cardíacas o incluso la fibromialgia pueden explicar esta realidad.

Detrás de la pereza hay falta de propósitos reales

Los propósitos forman parte de nuestra definición vital. Así, quien se halla falto de metas, decepcionado por ciertas experiencias o afectado ante una realidad que considera demasiado compleja o adversa, experimentará un claro desánimo. Es más, esa falta de ilusión nos aboca con frecuencia hacia esa pereza donde la quietud es un refugio seguro donde estar en calma.

De algún modo, todos hemos pasado por estas épocas puntuales. Es más, muchos de nuestros adolescentes pueden experimentar esa sensación y traducirla en un aislamiento donde pasar horas en sus habitaciones bajo el caparazón de la pereza. Es un proceso conocido que terminará en el momento en que encuentren un propósito personal.

Estudios, como el publicado en la revista Lancet y llevado a cabo por el Instituto de Epidemiología del University College London, nos señalan que el bienestar y la felicidad se relacionan precisamente con tener un propósito, con darle un significado a la vida.

Por tanto, si detrás de la pereza está efectivamente el vacío de unas metas, de esa confianza ante el futuro y la ilusión por un presente, esmomento de buscar aquello que nos motive, que nos dé alegría, esperanza y una finalidad.

Para concluir, tal vez sería buen momento para retirar el estigma comúnmente asociado a la pereza. Está claro que siempre existirán perfiles caracterizados por la desidia voluntaria, por esa inactividad manifiesta y hasta molesta. No obstante, hay algo que demanda nuestra reflexión: cuando nos abraza la pereza nos acompaña también el malestar y esa apatía incómoda que no podemos definir.

Aprendamos, por tanto, a entender qué hay en la trastienda de ese estado. Hurguemos en ella, busquemos y entendamos. No aplacemos esa molestia de hoy para mañana, porque si hay algo que sabemos sobre la pereza es que cuanto más tardemos en enfrentarnos a ella, más desgastados nos sentiremos.

Valeria Sabater

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