El valor del reconocimiento

El reconocimiento de los demás es de suma importancia para la constitución de nuestro yo (self). Una muestra de ello: cuando nacemos, comienza nuestro proceso de culturización a partir de la dinámica relacional que se construye con el otro. Continue reading “El valor del reconocimiento”

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El sentido del yo en los niños está condicionado por las personas que lo rodean

Los niños varían en la forma en que se dibujan a sí mismos dependiendo del perfil de la persona que lo observa y de si es o no familiar. A estas edades, el sentido del yo está condicionado por las personas que los rodean.

Una nueva investigación ha descubierto algo sorprendente en el comportamiento de los niños: se dibujan a sí mismos dependiendo de su audiencia, y su autoconciencia podría estar vinculada a influencias externas de formas bastante subliminales. Continue reading “El sentido del yo en los niños está condicionado por las personas que lo rodean”

Consciencia y conciencia ¿en qué se diferencia?

Las personas somos algo más que células, músculos, huesos y una piel que nos envuelve. Tenemos consciencia y conciencia, dos dimensiones que nos dotan de humanidad. Saber diferenciarlas nos ayudará a comprendernos mucho mejor.

Aunque suenen casi igual, consciencia y conciencia no tienen el mismo significado. No es lo mismo decir “tengo la conciencia tranquila” que “estar consciente tras recibir un golpe o ser consciente de todos y cada uno de los estímulos que me rodean”. El primer término tiene un gran interés para el campo de la filosofía, el segundo es todavía un desafío para la neurociencia.

El biólogo molecular y premio Nobel Francis Crick, solía decir que, aunque sea necesario saber diferenciar una dimensión de la otra, en realidad siempre nos quedaremos cortos a la hora de intentar definir cada una de ellas. Son entidades tremendamente complejas, y en particular la segunda, la consciencia.

Asimismo, tal y como nos indica la Real Academia Española la Lengua (RAE), en ocasiones, podemos encontrarnos con situaciones algo ambiguas que nos pueden llevar a equívocos. De hecho, y aunque nos parezca llamativo, es muy común caer en errores y ver incluso en muchas publicaciones a algún autor confundiendo términos.

Por tanto, veamos qué matices y particularidades definen a cada una de estas dimensiones.

“La conciencia sólo puede existir de una manera, y es teniendo conciencia de que existe”.

-Jean Paul Sartre-

Consciencia y conciencia: características y singularidades

Si tuviéramos que utilizar una definición básica y general para diferenciar consciencia de conciencia, sería la siguiente: la consciencia te permite formar parte de tu realidad, percibir cada matiz, estímulo y proceso interno. La conciencia, por su parte, nos permite comportarnos de manera moral y socialmente aceptable.

A grandes rasgos nos parece sin duda comprensible y hasta sencillo poder diferenciar la una de la otra. Sin embargo si alguien nos dijera aquello de“soy consciente de mis actos” ¿se referiría quizá al aspecto moral, al perceptivo o quizá a ambos? En estos casos, entramos ya en un plano subjetivo donde todo depende de lo que el emisor quiera expresar.

¿Qué es la conciencia?

Decía el matemático y filósofo Blaise Pascal que la conciencia es el mejor libro de moral que tenemos. No se equivocaba. Esta realidad se refiere, básicamente, a esa capacidad que tenemos las personas para saber qué actos, pensamientos, palabras y situaciones son correctas y cuáles no.

Es un concepto moral y ético; sin embargo, cabe señalar que presenta además algunas pequeñas consideraciones que vale la pena tener en cuenta.

  • Conciencia no tienen nada que ver con procesos como la atención o la percepción.
  • Filósofos como Descartes y Locke, intentaron en su día profundizar en este concepto para entender cómo se relaciona por ejemplo, la conciencia con el lenguaje, con el pensamiento y la inteligencia. Debemos tener en cuenta, además, que una de las diferencias más notables entre consciencia y conciencia, es que la segunda es para los filósofos una “virtud”.
  • De este modo, cuando decimos que alguien “tiene conciencia”, estamos valorando que esa persona tiene valores morales. Nos referimos a ella como alguien que intenta vivir de acuerdo unas normas básicas de respeto y equilibrio. Es más, en ocasiones también decimos que los animales demuestran “conciencia” porque llevan a cabo ciertos actos morales o “sociales” que nos recuerdan a esas virtudes más humanas.

¿Qué es la consciencia?

Consciencia es algo más que estar despiertos, que tener los ojos abiertos y sentirnos parte de esa realidad sensible que nos rodea. William James, padre de la psicología norteamericana, fue uno de los primeros autores en abordar la comprensión de esa diferencia entre consciencia y conciencia. Como filósofo, psicólogo y científico, definió la consciencia a través de una serie características que nos permitirán comprenderla mucho mejor:

  • La consciencia es subjetiva. No tiene nada que ver con la ética o la moral. Es un proceso personal donde uno es consciente de sus propios pensamientos, de su realidad interna.
  • Se relaciona con el pensamiento, por lo tanto siempre está en constante cambio, es un continuo que nunca se detiene, que siempre está procesando información, atendiendo a estímulos.
  • Asimismo, la consciencia también puede ser selectiva. En un momento dado, las personas podemos poner la atención en un aspecto (interno o externo) para separarla del resto de estímulos y tomar contacto con eso que nos interesa.

La consciencia es el mayor enigma del ser humano

Christof Koch es un neurocientífico norteamericano y uno de los mayores expertos en el estudio de la consciencia y de sus bases neuronales. En libros como La búsqueda de la consciencia: un enfoque neurobiológico, nos señala que la principal diferencia entre consciencia y conciencia, es que la primera es todavía un enigma.

La segunda, tiene que ver con el sentido de responsabilidad, con los valores y conocimiento de cada uno por su propia persona y sus actos.

La consciencia es todo lo que experimentas. Es esa canción que se queda en tu cabeza. Es la dulzura de la mousse de chocolate, el dolor palpitante de un dolor de muelas, el amor por tus hijos, y la seguridad de que algún día vamos a dejar este mundo.

Este científico, nos señala a su vez que hay dos tipos de consciencia que debemos tener en cuenta:

  • La consciencia primaria. Tiene que ver con nuestras percepciones, sensaciones, memoria, pensamientos, con aquello que soñamos, con lo que deseamos… Todo ello nos permite poder separarnos también de lo que nos rodea para definir nuestra individualidad.
  • La consciencia reflexiva. Esta dimensión es quizá, un ámbito tan interesante como desafiante a la vez. Tiene que ver con “observar la propia mente”, con saber qué somos, qué sabemos, qué ocurre en nuestro ser interno.

Para concluir, como vemos consciencia y conciencia son dos términos tan complejos como interesantes a la vez. Son a su vez, algo más que meros productos de la mente. Es lo que nos hace humanos. Como dijo Thomas Huxley en su día, son esas entidades que nos hacen ser “conscientes” de quesomos algo más que huesos, músculos, células y una piel que nos envuelve.

Vía: la mente es maravillosa

Siento que no encajo ¿qué hago?

Si siento que no encajo lo mejor es detenerme. No tengo por qué entrar a la fuerza en lugares, personas y escenarios que no son de mi talla. Celebrar mi identidad, mis pasiones y cuidar cada día el músculo de la autoestima deben ser mis principales objetivos.

Siento que no encajo, ¿qué puedo hacer?… Son muchos los que, en cierto modo, gastan una cantidad ingente de su preciosa energía intentando integrarse, ser como los demás, formar parte de colectivos renunciando incluso a la propia individualidad para hallar un un sentido de pertenencia. En la mayoría de estos casos, se nos olvida un aspecto básico: lo excepcional de ser único, diferente al resto.

Ahora bien, hay un aspecto que todos tenemos claro: hay personas que sufren el peso del estigma, del aislamiento. Como criaturas sociales que somos necesitamos no solo interaccionar con los demás. Ansiamos a su vez, sentirnos parte de algo, de alguien, buscamos sin duda un mínimo sentido de pertenencia, de seguridad y esas raíces desde las cuales, seguir creciendo en nuestro proyecto personal.

Así, y aunque a veces nos hablen de la importancia de reforzar nuestra individualidad, de empoderar lo “mágico” de ser diferente, en realidad, se trataría solo de saber equilibrar la balanza. Todos sufrimos esa incómoda dualidad entre lo que somos y lo que debemos mostrar al mundo para ser aceptados.

Por tanto, el bienestar partiría de no perder las esencias y el sentido del yo. La clave se halla en ser aceptados por personas que nos sean significativas, por seres capaces de apreciar todo lo que somos, con nuestras particularidades, grandezas e incluso inseguridades.

“Desde el tiempo de mi niñez, no he sido
como otros eran, no he visto
como otros veían, no pude sacar
mis pasiones desde una común primavera” (…)

-Edgar Allan Poe-

Siento que no encajo y sufro por ello

Es difícil no sentirse un extraño en este mundo. Hay momentos que parece que vamos a contracorriente, que somos apátridas de un escenario donde todos parecen encantados con una misma melodía, mientras que nosotros nos sentimos inspirados por otra. Somos quizá, como esos árboles fascinantes, las jacarandas que florecen en una tonalidad violácea mientras a su alrededor, los demás solo lo hacen solo en color verde.

Cuando siento que no encajo, sufro por ello (una norma tan real como frecuente). Aún más, lo complicado de todo ello es que hablamos de un sufrimiento muy fácil de cronificar. Porque la sensación de no sentirse integrado a menudo ya nace en la infancia. Tanto es así, que es común pensar que hay un problema en nosotros, que “florecer” en color violáceo, como lo hace el árbol antes citado, es algo negativo. Cuando en realidad, todos disponemos de matices que nos hacen excepcionales en el bosque de la vida.

La teoría de las fuerzas vitales de Bowen

El doctor Murray Bowen (1913-1990), desarrolló en la década del 50 la teoría de las fuerzas vitales al observar cómo nos desarrollamos las personas desde un punto de vista emocional y natural a la vez.

  • Bowen explicaba en este enfoque algo muy valioso. Esta teoría postula que en el ser humano hay dos fuerzas vitales básicas a la vez que opuestas.
  • La primera es una fuerza de crecimiento muy potente que nos empuja hacia la individualidad, ahí donde construir un yo separado de nuestra familia, amigos, sociedad…
  • La segunda, es otra fuerza igual de poderosa que nos impulsa a su vez, a buscar y necesitar cercanía emocional.
  • Según este enfoque, la mayoría de nosotros nos movemos a diario en esa dualidad a menudo dolorosa. Nos sentimos diferentes porque nuestro sentido del yo busca separarse del resto. Sin embargo, ansiamos encajar, formar parte de esas dinámicas donde se mueven los demás.

Cuando sufrimos el “estigma” de no encajar en ningún lado

Cuando siento que no encajo en ningún lado, no solo puedo culparme a mí mismo. En ocasiones, puedo llegar a pensar que el propio mundo carece de sentido. Esto mismo es lo que se demostró en un estudio llevado a cabo en la Universidad de Michigan por los doctores Gregory Walton y Geoffrey M.Cohen.

En este trabajo pudo verse que aquellas personas que sufren el “estigma” de la exclusión, sufriendo de manera constante por la “incertidumbre de la pertenencia”, experimentan una bajada en su motivación, en su rendimientoacadémico y laboral y a su vez, tienen mayor riesgo de terminar padeciendo algún tipo de alteración psicológica.

Quiero encajar ¿qué puedo hacer?

A menudo, esa idea de que “siento que no encajo” tiene su origen en el seno familiar. Nuestra educación y esas dinámicas que se erigen en esos microescenarios nos improntan de forma temprana la idea de que “no somos normales”. Por ejemplo, no lo somos a ojos de nuestros padres porque tal vez no somos tan brillantes como nuestro hermano.

Porque hemos salido más rebeldes, porque nuestras aficiones, gustos y pasiones no encajan con el proyecto familiar. De ese modo, dicha marca la podemos arrastrar durante años, mermando nuestras habilidades sociales, autoconcepto e identidad. Por ello, y para fortalecer estas dimensiones y mejorar nuestro sentido de pertenencias, vale la pena reflexionar sobre estas ideas.

Define quien eres y ponle brillo

Una de las aportaciones más interesantes que nos dejó Carl Jung fue su teoría de la individuación. Según este enfoque, una de nuestras responsabilidades más importantes es la siguiente: despertar nuestro potencial, la conciencia individual, vencer miedos y resistencias y expresarnos ante el mundo tal y como somos. Con seguridad y felicidad.

Tal proceso lleva tiempo. Sin embargo, antes de “querer encajar en otros” lo más adecuado es “encajar en nosotros mismos”. Hay que fomentar la autoaceptación, saber quien somos y qué queremos.

No se trata de “encajar”, toda resistencia crea dolor

Todos hemos intentado alguna vez “encajar” una pieza a la fuerza en el hueco de un puzle. Nos damos cuenta al instante que no sirve de nada usar la fuerza. No cuando las formas no armonizan, no cuando los huecos no encajan con las aristas.

  • Debemos entender que en realidad, en la vida no se trata de querer encajar, sino de fluir. Si intentamos hacerlo a la fuerza, sufriremos e incluso podemos optar por renunciar a parte de lo que somos por integrarnos en un puzzle erróneo.
  • Debemos entender que habrá personas, lugares y colectivos con los que nos sintamos identificados y otros, con los que no. Aún más, en nuestro viaje por hallar un sentido de pertenencia con alguien, podemos hacer mil variaciones hasta hallar nuestro espacio ideal.

Sé tú mismo cada día de tu vida y tu “tribu” llegará a ti

No pasa nada si durante un tiempo hacemos nuestro propio viaje en soledad. Durante ese trayecto, nos limitaremos a celebrarnos a nosotros mismos. A veces, al seguir el ritmo de una pasión o un impulso de lo más singular, acabamos encontrando nuestra propia “tribu”; esa donde todo armoniza, donde somos aceptados y valorados por cada matiz, por cada recoveco tan especial.

Para concluir, si siento que no encajo, lo primero que podemos hacer es reducir esa angustia. Gestionar los miedos, pulir inseguridades y dar brillo al propio sentido del yo y al músculo de la autoestima nos ayudará a encontrar nuestro lugar.

Este artículo fue redactado por la psicóloga Valeria Sabater

Los 5 filósofos más influyentes en Psicología

La Filosofía ha influido mucho a todas las disciplinas científicas. La Psicología es una de ellas. Hay muchos filósofos que han contribuido de una forma muy notoria a la construcción y concepción de la Psicología tal como la conocemos.

La Psicología, como disciplina científica, se considera que nació en 1879 de la mano de Wilhelm Maximilian Wundt, en Leipzig, Alemania. El fisiólogo y filósofo alemán lo hizo creando el primer laboratorio de psicología experimental. Desde entonces, esta disciplina responde a las preguntas acerca de la conducta humana a través del método científico.

Antes de ello, la conducta humana y todas las preguntas que se circunscriben a ella fueron tratadas por innumerables filósofos a través de la reflexión y el pensamiento.

Es difícil datar el nacimiento de la Filosofía, pero sabemos que al menos sus aportaciones al conocimiento humano tienen más de 2500 años de antigüedad. Si observamos la ‘edad’ y el recorrido de la Psicología en comparación con la Filosofía, el primero es mínimo. Es evidente que sin una disciplina como la Filosofía, la Psicología sería otra. La segunda emana de la primera.

Los filósofos de la antigua Grecia se interesaron por tratar de responder a la pregunta “¿Por qué nos comportamos como nos comportamos?”. Ahora bien, ¿cómo responderla? A través de la reflexión y la argumentación, principalmente. De hecho, muchas de las reflexiones y argumentaciones pasaron a convertirse en corrientes filosóficas, tales como el Racionalismo o el Empirismo.

Durante estos más de 2500 años, las aportaciones de los filósofos a la Psicología tal como la conocemos son muchas y muy diversas. Aquí se recopilan cinco de los filósofos más influyentes y sus grandes aportaciones a la Psicología.

Lucio Anneo Séneca

Nació en Córdoba, en el IV a.C y fue uno de los grandes pensadores de la Historia. Sus aportaciones filosóficas se centraban en lo práctico de la vida. No era amigo de la teorización de la vida, de divagar como ejercicio para hacernos crecer personalmente.

En cierto modo, podemos considerarlo como uno de los filósofos más influyentes, ya que fenómenos como el ‘coaching’ no son más que la adaptación del pensamiento de filósofos como Séneca al mundo actual. Curiosamente, podemos encontrar ciertos paralelismos entre Séneca y la figura del ‘coach’ actual, dada su vocación por ayudar a encontrar ‘la mejor versión’ de las personas.

René Descartes

Nacido en 1596, Descartes ha sido uno de los filósofos más influyentes. La Psicología no es la única disciplina que ha recibido influencias de este filósofo francés. Otras disciplinas, como las matemáticas, se han nutrido de algunas de sus aportaciones.

Los ejes de ordenadas y el eje de abscisas, usados para representar funciones matemáticas, son una prueba de ello. Estos ejes se llaman también ‘ejes cartesianos’.

La principal contribución a la psicología que realizó Descartes fue el llamado dualismo cartesiano. Y para muchos, no fue un aporte muy positivo, porque dividió nuestra forma de entender al ser humano. El dualismo cartesiano se basaba en una distinción entre la mente y el cuerpo como dos conceptos diferentes, con un funcionamiento diferente.

Esta distinción sigue teniendo vigor en nuestro tiempo. Sin ser muy conscientes, hablamos de problemas mentales o problemas físicos, pecando a veces al no considerar que unos y otros están tan relacionados: se trata de una distinción más didáctica que real.

Jean-Paul Sartre

Parisino, nacido en el año 1905. Este filósofo y dramaturgo francés dotó de gran importancia al concepto libertad, sobre todo en El existencialismo es humanismo.

Para Sartre, las personas somos plenamente conscientes de quiénes somos y de cómo nos comportamos. Para muchos, su posición es extrema, en tanto que niega cualquier clase de determinismo biológico o social. Las personas somos dueñas de nuestra propia vida, ya que somos libres.

Esta libertad ‘extrema’ convierte a los hombres y mujeres en responsables innegables de su conducta, sus consecuencias y su felicidad. Aun siendo un concepto extremo, esta responsabilidad es la que se otorga a los pacientes o clientes en la consulta de psicología. El o la terapeuta es quien pregunta, cuestiona, asesora, orienta… pero los cambios efectivos para salir de situaciones difíciles los llevan a cabo los pacientes o clientes.

José Ortega y Gasset

Madrileño, nacido en 1883, Ortega y Gasset es el padre del perspectivismo. Esta teoría enfatiza la validez de la experiencia individual como parte de la verdad. Y, de hecho, la verdad absoluta es la suma de todas las perspectivas individuales acerca de ella. Es decir, el perspectivismo sostiene que desde una perspectiva individual es imposible llegar a conocer la verdad absoluta.

La herencia del perspectivismo en la psicología, especialmente en la aplicada, es muy importante. En el ámbito clínico, sin ir más lejos, los psicólogos no deben imponer su punto de vista al de sus pacientes o clientes. Si así lo hicieran, estarían realizando una mala praxis, ya que su cometido es poner a disposición del usuario/cliente/paciente las herramientas necesarias para evocar cambios.

Sócrates

Para muchos, el padre de la Filosofía. Nacido en Atenas, en el 470 a.C., es uno de los filósofos que más ha sumado a la construcción de la intervención psicológica.

Para los psicólogos, llevar a cabo un buen ‘diálogo socrático’ es determinante para el devenir de la intervención, se trate de la casuística que se trate.

Sócrates ha sido uno de los filósofos más influyentes para la Psicología, especialmente en su vertiente más clínica. En ella, lo que se conoce popularmente como diálogo socrático alude directamente a la Mayéutica, un método socrático que consistía en hacer que el alumno descubriera las verdades por sí mismo, mediante preguntas que hicieran pensar a este y llegar a sus propias conclusiones.

Sin este método, algunas intervenciones psicológicas no tendrían sentido, pues permite que el paciente o cliente evoque sus propios cambios, sin que estos sean determinados por el terapeuta.

Los psicólogos somos expertos en la conducta, en general, pero cada persona es experta en su propia conducta. Gracias a la mayéutica, podemos enseñar a los pacientes o clientes a ser los mejores analistas de su propia conducta.

La Filosofía está muy presente en nuestras vidas. Tanto es así que no exageramos al decir que su influencia está presente no solo en la Psicología, sino también en el resto de disciplinas científicas.

Este artículo fue redactado por el psicólogo Alberto Álamo

No soy un hombre fácil: la realidad invertida

Tras darse un fuerte golpe en la cabeza, Damien se despierta en un mundo exactamente igual al suyo, solo que en esta realidad son las mujeres las que se comportan de manera masculina, machista y patriarcal

Hoy nos ocupamos de otra película recién estrenada. El cine francés, siempre comprometido con las causas sociales, nos trae esta película de la mano de la directora Eleonore Pourrait. No soy un hombre fácil es una comedia romántica que invierte los roles de género y que resulta ser bastante trágica en realidad. Una film lleno de clichés y estereotipos fácilmente reconocibles y normalizados que resultan ser tremendamente dolorosos cuando es el género opuesto quién los sufre.

La película, que podemos encontrar en Netflix, nos muestra un mundo donde son las mujeres quienes ocupan los puestos de liderazgo, las “cabeza de familia”, y donde los hombres sufren acoso callejero, violencia sexual y discriminaciones de todo tipo. Una realidad paralela donde todo lo femenino sigue considerándose en buena medida inferior, solo que esta vez es lo que caracteriza a los hombres. Un mundo que resulta ser absolutamente ridículo, pero cuyo espejo, nuestra realidad, es completamente normal.

No soy un hombre fácil: el argumento

Damien es el protagonista de esta película. Un personaje tremendamente machista, con unas actitudes claramente patriarcales. Considera que las mujeres son objetos sexuales a su servicio y poco más. Ha construido una carrera profesional brillante en el mundo de la publicidad utilizando con frecuencia todos los clichés machistas imaginables. Damien se siente muy bien en su propia piel jugando el rol machista que el sistema patriarcal le ha otorgado.

Tras darse un fuerte golpe en la cabeza, Damien se despierta en un mundo que no reconoce. Es su vida, pero todo está al revés. Se despierta en un mundo exactamente igual al suyo, solo que en esta realidad son las mujeres las que se comportan de manera masculina, machista y patriarcal. A los hombres se les ha relegado a ejercer los mismos roles que en su mundo tienen las mujeres.

Una realidad paralela: la inversión de roles

El planteamiento de No soy un hombre fácil es muy hábil. Esta película no nos muestra un mundo diferente. No nos muestra un mundo con valores femeninos. Los valores predominantes siguen siendo masculinos solo que en este caso no son los hombres quienes los imponen, son las mujeres.

Desde el cuidado de los hijos y la familia, la infravaloración laboral, el chiste fácil contra sus cuerpos, el acoso sexual, la depilación, la infidelidad, la violencia sexual, la soltería … Todos los clichés patriarcales están absolutamente normalizados en este mundo también, pero en contra de los hombres.

Damien, horrorizado por el trato discriminatorio que se sufre, se une a un grupo de “masculinistas”. Los “masculinistas” son hombres que luchan por sus derechos y contra la opresión de un sistema que les considera inferiores. Un sistema que ha adjudicado unos roles a los hombres de los que difícilmente se pueden salir. Por este motivo también es atacado y vilipendiado. No solo por mujeres, también por muchos hombres que acusan a los masculinistas de homosexuales y que no creen que haya nada que cambiar en esta realidad abusiva contra los hombres.

¿Hay vuelta a la realidad original?

Cuando Damien despierta en este mundo paralelo, conoce a una mujer que es su reflejo. Una mujer dominante, exitosa, manipuladora, sexista y arrogante y que considera a los hombres algo de lo que beneficiarse con su uso. Comienzan una historia de amor muy extraña y una especie de redención de Damien, al que se le ha dado un rol dependiente de la mujer. Y aunque el final de No soy un hombre fácil pueda parecer previsible, no lo es. De hecho, toda la película es un esfuerzo por mostrar la falacia de los roles de género y lo fundamental que resulta educar en la equidad.

La película es una apuesta por destruir de una vez las diferencias de género y mostrar que son constructos arbitrarios, sin base biológica ninguna y que se crearon y se mantienen para someter a una parte de la población. Película muy recomendable, cuyo final invita a la reflexión personal sobre lo ridículo y perjudicial de las actitudes machistas, los micromachismos y el sistema patriarcal. No soy un hombre fácil es una obra maestra que ofrece la oportunidad de ver claramente lo dispar de nuestra sociedad y lo hace sumiéndonos en una completa disonancia cognitiva.

Sonia Budner

El síndrome del caballero blanco: personas que salvan

El síndrome del caballero blanco caracteriza a muchas de esas personas que sufrieron algún abandono en el pasado. Su necesidad por salvar a los demás es casi compulsiva, aunque no siempre lo hacen de la mejor manera.

El síndrome del caballero blanco define a esa persona con una necesidad casi compulsiva por salvar, ayudar y solucionar los problemas ajenos. La conducta de este perfil viene explicada por un historial de abandonos, traumas y afectos no correspondidos. De ahí que su capacidad para empatizar con el dolor ajeno sea muy elevada. Aunque la ayuda que prestan no es siempre la más acertada.

La mayoría de nosotros conocemos a un rescatador nato, a alguien que en vez de corazón parece tener un radar con el cual detectar necesidades y ser el abanderado de la utilidad. En ocasiones, como bien sabemos, esa ayuda puede ser intrusiva. Puede incluso causarnos incomodidad o llegar a vetar la oportunidad de ser responsables y solucionadores de nuestros propios problemas.

Otras veces, cómo no, agradecemos ese altruismo sincero y siempre entregado. No obstante, lo que no vemos en ocasiones es el trasfondo que hay detrás de esas dinámicas, de esa necesidad. El síndrome del caballero blanco define a una parte de nuestra población. Son personas a menudo invisibles, un perfil comportamental que tiene tras de sí heridas que nadie ve, nudos que no han resuelto de manera efectiva.

Este síndrome fue descrito en el 2015 por las psicólogas y profesoras de la Universidad de Berkekey Mary C. Lamia y Marilyn J. Krieger. Veamos más datos sobre el tema a continuación.

“Las lágrimas nacen del corazón, no del cerebro”.

-Leonardo da Vinci-

Características del síndrome del caballero blanco

En los libros de cuentos el caballero blanco es el salvador de esa dama que está en apuros. En la vida real, dicha figura de nuestro folklore puede ser un hombre o una mujer, y su máxima aspiración es iniciar relaciones afectivascon personas dañadas o vulnerables. Ese vínculo les puede permitir ser de utilidad, reparar afectivamente al otro, reafirmarse y reafirmar al mismo tiempo a la pareja.

Sin embargo, las personas heridas difícilmente llegan a reparar algo. A menudo, lo que consiguen es hacer más grande la herida, ser ese espejo donde magnificar los traumas y los sufrimientos. Son rescates, como vemos frustrados, que traen una inevitable infelicidad. Así, lo que se esconde detrás del síndrome del caballero blanco y lo que explica su comportamiento es lo siguiente:

Causas que originan el síndrome del caballero blanco

Un pasado de abusos, la figura de unos padres autoritarios o la falta de un apego saludable y afectuoso en la infancia, suele factores comunes a la hora de dar forma al síndrome del caballero blanco. Haber vivido varias experiencias de abandono, tanto a nivel familiar como de parejas afectivas, suelen ser otros disparadores.

Rasgos que definen al caballero blanco

Temor a experimentar nuevamente la distancia emocional, de ser heridos, traicionados y abandonados.

  • Son personas muy vulnerables, con baja tendencia a la frustración, se sienten ofendidas y decepcionadas por actos a menudo insignificantes.
  • Presentan una baja autoestima y una elevada inseguridad.
  • Carecen de ecpatía. Es decir, no separan la realidad emocional ajena de la propia, de ahí que sufran abundantes contagios emocionales. No saben poner límites y se identifican de tal modo ante quien sufre, ante quien está preocupado o asustado, que lo que consiguen a menudo, es intensificar aún más le sufrimiento ajeno.
  • Son proclives a construir relaciones afectivas muy dependientes. Ansían serlo todo para la otra persona. Buscan ser ese apoyo imprescindible, ese nutriente cotidiano y esa otra mitad indispensable. Algo así acaba generando infelicidad y un alto coste emocional para ambas partes.

Tipos de caballeros blancos

El síndrome del caballero blanco no presenta una única tipología. Entra en realidad dentro de un espectro comportamental donde hay figuras con rasgos más normales y extremos más patológicos. Son los siguientes:

  • El caballero blanco altamente empático. En este caso tenemos a alguien que establece una conexión emocional desmesurada con su pareja u otra persona. Ahora bien, esa empatía se convierte a menudo en una fuente de miedos extremos. De ahí que aparezcan los celos, el deseo de control, la angustia ante la idea de ser traicionados…
  • El caballero blanco idealista. Esta tipología define a esa figura que busca personas a las que rescatar y reparar. Ansían crear a alguien perfecto, a alguien ideal. Ser responsable de esa mejora les permite a su vez a ellos llenarse de gloria.
  • El caballero blanco asustado. De entre todos los tipos de caballeros blancos, este es el más problemático. Encierra tras de sí a una persona que arrastra graves traumas (abusos, maltratos…). Sienten la necesidad de ser de ayuda a los demás, sin embargo no saben cómo prestar esa ayuda, como acercarse a los demás, como ofrecer afecto.
  • Por último, tenemos el síndrome del caballero blanco “equilibrado”. Es ese salvador centrado y respetuoso que atiende las necesidades de su entorno. Da apoyo con libertad respetando al otro y se esfuerza siempre por hacerlo bien. No obstante, sigue siendo una conducta compulsiva y por tanto poco ajustada.

El caballero blanco solo debe rescatar a una persona: a sí mismo

Ser un caballero blanco “equilibrado” no nos exime del auténtico problema.Seguimos matando dragones ajenos, seguimos sujetando una espada y un yelmo para introducirnos en batallas que nos pertenecen. Ayudar a quien lo necesita está bien y es noble. Ser esa mano amiga para las personas que amamos es positivo. Sin embargo, nadie merece ir por la vida siendo solo un salvador.

El síndrome del caballero blanco se resuelve de una sola manera: salvándonos primero a nosotros mismos. Emprendiendo el viaje más difícil de todos, ese donde es necesario transitar a un universo interno, ahí donde enfrentarnos a los propios demonios para entenderlos, vencerlos y llenar de luz nuestros rincones más oscuros.

No dudemos tampoco en llevar a cabo el acto más valiente de todos para un caballero blanco: pedir ayuda a otros, solicitar la ayuda de profesionales especializados.

Este artículo fue redactado por la psicóloga Valeria Sabater

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