El sesgo de la responsabilidad externa o lavarse las manos

El sesgo de la responsabilidad externa nos lleva a creer que hay poderes superiores decidiendo nuestro destino. Esos poderes nos quitan la angustia de tener que decidir y nos protegen de la insatisfacción que originan nuestros errores y desaciertos. Continue reading “El sesgo de la responsabilidad externa o lavarse las manos”

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Cómo educar a un niño para que sea autónomo

Educar a un niño para que sea autónomo es un reto complejo. Es un ser vulnerable al que debemos proteger, pero también es un ser en crecimiento al que tenemos que ir dándole espacio para que vaya conquistando logros por sí mismo.


Uno de los principales objetivos de la mayoría de los padres es educar niños autónomos, es decir, educar a sus hijos de manera que sean independientes y se valgan por sí mismos. Ahora bien, educar a un niño para que sea autónomo no es una tarea sencilla.

En general, todos queremos que nuestros hijos sean capaces de desenvolverse por sí mismos. Sin embargo, por mucho que sea un objetivo, educar a un niño para que sea autónomo se convierte en una tarea frustrada por cometer errores frecuentes en el camino.

Aún así, hablamos de un hito factible cuando aplicamos un poco de conocimiento, inteligencia, esfuerzo y voluntad. Para ello, en este artículo encontrarás varias claves sobre cómo educar a un niño para que sea autónomo. Eso sí, antes haremos un ejercicio de precisión y distinguiremos a un pequeño que va camino de la autonomía de uno que no.

Niños autónomos vs. dependientes

Niños dependientes

Los niños que no han sido criados para desenvolverse bien por sí mismos reúnen casi siempre una serie de características comunes; la más frecuente es que necesitan de la aprobación de los otros para sentirse bien consigo mismos.

Por ello, la autoestima de estos niños no es suficientemente sólida, sino que al depender de la opinión de los demás tiende a ser inestable.

Por otra parte, estos niños necesitan también a otras personas para que les indiquen:

  • Qué metas proponerse.
  • Cómo ser felices.
  • De qué manera deben comportarse.

Por lo tanto, estos niños suelen encontrarse emocionalmente frustrados, y confían más en el resto de las personas que en sí mismos.

La principal manera en la que los padres pueden educar a sus hijos para ser dependientes es mediante el sobreempleo de las emociones negativas. Esto puede ocurrir, por ejemplo, si se le enseña al pequeño que sus deseos no son importantes, o si se le transmite constantemente que es menos válido que el resto de niños.

Niños autónomos

Por otro lado, los niños autónomos cuentan por lo general con las herramientas necesarias para salir adelante y avanzar en su día a día.

Una de las cosas que más les diferencian de los anteriores niños es que creen que son competentes y capaces de cuidar de sí mismos. Por lo tanto, son capaces de correr riesgos y de aprender de sus errores cuando se equivocan o fallan.

Por otro lado, al crecer, estos individuos suelen mostrar mayores tasas de motivación intrínseca. Es decir, que son ellos mismos los que deciden qué quieren lograr y el por qué. Esto les ayuda a lograr sus objetivos de manera más fácil, además de que por lo general les hace más felices a largo plazo.

Parece claro que educar niños autónomos es algo deseable en todos los casos. Pero, ¿qué debemos hacer para lograrlo? A continuación encontrarás las claves más efectivas para que tu hijo crezca confiando en sí mismo y con la capacidad de desenvolverse en la vida.

Claves para educar a un niño para que sea autónomo

Educar a un niño para que sea autónomo es un arte que requiere de mucha paciencia y esfuerzo. Sin embargo, como ya has visto, las recompensas por conseguirlo son muchas y variadas. Si quieres conseguir que tu hijo crezca feliz y con una buena autoestima, trata de aplicar en la medida de lo posible los siguientes consejos:

Promueve el esfuerzo

Uno de los rasgos más importantes de las personas autónomas es que son capaces de luchar para conseguir lo que quieren. En general, alcanzar nuestras metas no es algo sencillo; por eso, debes inculcar en tus hijos la responsabilidad de esforzarse para lograrlas.

En función de la edad del niño, esto puede realizarse de muchas maneras: recuérdale la importancia del esfuerzo, anímale a buscar tareas que sean capaces de devolverle un refuerzo por el hecho de desempeñarlas, favorece su entrada en el mundo laboral como una manera de ganar autonómica económica -de tal manera que gane cierta independencia-, recuérdale que en muchos casos el error solo es el paso que precede al éxito, que las derrotas son una oportunidad para la reflexión. En general, anímale a emprender aquellos proyectos que piense que mejorarían su estado.

Ofrécele amor incondicional

Otro componente importantísimo es que tu hijo debe sentirse apoyado por ti en todo momento. Esto no significa que no puedas castigarle, regañarle o enfadarte con él; aun cuando hagas alguna de esas cosas, el mensaje de fondo tiene que ser el de que le quieres igualmente y que estás ahí de forma incondicional para ayudarle.

Probablemente, lo más difícil a la hora de educar niños autónomos sea conseguir un equilibrio entre este amor incondicional y la promoción del esfuerzo que deben realizar. Sin embargo, si lo consigues, es casi seguro que tu hijo se irá acercando, poco a poco, a la autonomía.

Los miedos son señales que anuncian batallas

Por último, en nuestro propósito de educar a un niño para que sea autónomo, tenemos que ayudarle también a conseguir la independencia emocional. Por otro lado, si hay algún color en la paleta de emociones que sea intenso, quizás sea el miedo. Si existe una sensación que nos puede hacer dependientes es el temor. Por eso tenemos que ayudarles a gestionarla, enseñarles el camino. Una senda que pasa por la gestión de la incertidumbre o el cálculo ajustado de riesgos.

Todas estas claves te ayudarán a educar a tus hijos de forma que se conviertan en adultos funcionales y felices. Aún así, si tienes dudas sobre cómo lograrlo, hoy en día es muy sencillo encontrar recursos que no echen una mano. Este es, solo y tanto, un buen punto de partida.

Este artículo fue redactado y avalado por el psicólogo Alejandro Rodríguez

Practicar el autocuidado para controlar la mente ansiosa

Cuando la ansiedad se instala en nuestra mente el presente pierde sentido y el futuro se llena de imposibles. Un modo de reducir esa angustia que todo lo devora es mediante el autocuidado: nutriéndonos y dándonos lo que merecemos cuando lo necesitamos.

La mente ansiosa es caos y desorden, apaga nuestro potencial y nos sume, a menudo, en un estado de debilidad y angustia absoluta. Para tomar el control y reducir su impacto podemos buscar esa estrategia que mejor se adecúe a nuestras características personales. Sin embargo, hay una que siempre funciona: el autocuidado, es decir, atendernos, nutrirnos y escucharnos como merecemos.

Ser cautivos de un estado mental en el que solo habitan las preocupaciones resulta agotador. Pero lo contradictorio de esta condición es que cuanto más agotados nos encontremos, cuantos más recursos y energía haya consumido nuestro cerebro, más nos costará descansar. Porque el sueño no siempre entiende de agotamiento, llega cuando hay calma interna, cuando hay silencio en los pensamientos.

No es fácil vivir con la ansiedad como compañera. Y sin embargo, lo hacemos. Es más, tal y como nos señalan los datos sobre la incidencia de estas realidades psicológicas, aunque estemos ante un tipo de trastorno tratable, solo el 35% de las personas que la padecen llegan a pedir ayuda especializada.

Hay personas que cohabitan de manera permanente con una mente ansiosa. De esta forma, pierden su calidad de vida, apagan su potencial presente, llenan de angustias su futuro y ponen incluso su salud en riesgo. Veamos por tanto en qué consiste esa estrategia que todos deberíamos aplicar a diario.

«Cuando estás presente, puedes permitir que la mente sea como es sin enredarte en ella».

-Eckhart Tolle-

El autocuidado no es autocomplacencia, es compromiso con uno mismo

El autocuidado en un mundo demandante, lleno de incertidumbres y que exige tanto de nosotros, es esencial. Ahora bien, cabe señalar que este término se confunde muy a menudo con otros conceptos. Fue en los años 80 cuando los profesionales de la salud mental nos hablaron por primera vez de la importancia de llevar hábitos de vida saludables para reducir el impacto del estrés y la ansiedad.

Ahora bien, en esta época la industria de la publicidad no dudó en hacer suyo ese término. Tanto fue así que se lanzaron al mercado toda una amplia gama de productos bajo la etiqueta autocuidado. De este modo, y durante mucho tiempo, se asociaron a esta idea desde sales de baño, cremas, champús, hasta productos de alimentación destinados (supuestamente) a hacernos sentir bien.

Por ello, desde el campo psicológico es necesario que promovamos las bases de un correcto autocuidado. Uno cuyas estrategias se basen de manera precisa (y científica) en lo que busca realmente este concepto.

¿Qué es realmente el autocuidado?

  • Autocuidado es mucho más que mimarse o autocomplacerse. Es poner en práctica comportamientos que nos ayuden a reducir el malestar, la contradicción, el miedo, el estrés…
  • Autocuidado es calma. Es alcanzar un adecuado equilibrio interno donde recargar energías, no perderlas.
  • Asimismo, para reducir y controlar la mente ansiosa, hay que aplicar un plan de autocuidado diario. Con ello queremos decir algo muy sencillo, pero que no todo el mundo llega a cumplir. El bienestar, la atención de uno mismo requiere un plan y una serie de actividades y procesos que debemos llevar a cabo cada día. No vale iniciar unas rutinas hoy y olvidarlas la semana que viene. El bienestar requiere compromiso.

Es más, tal y como nos explican en un estudio llevado a cabo en la Universidad Queen’s Kingston, de Canadá, el autocuidado es un conjunto de actividades en las que uno se involucra a lo largo de la vida cada día. Hacerlo, genera cambios y nos ayuda a prevenir múltiples enfermedades.

Mente ansiosa: 5 claves del autocuidado para poder controlarla

Pesimismo, preocupación excesiva, sensación de falta de control, agotamiento psicológico… La anatomía de la mente ansiosa puede diferir en algunos aspectos de una persona a otra, pero por término medio, se caracteriza por estos factores tan comunes.

Así, antes de recurrir a los fármacos, antes incluso de decirnos aquello de que ‘somos así y no tenemos remedio’, vale la pena detenerse un momento en estas estrategias.

Las claves derivadas de la práctica del autocuidado diario pueden ayudarnos. Reflexionemos por tanto en ellas.

Tu espacio seguro para calmar la mente ansiosa

Un espacio seguro es un lugar, rincón, banco, espacio bajo un árbol o sofá frente a una ventana que nos genere calma. Es una zona de confort a la que acudir, al menos dos veces al día durante 15 o 20 minutos. Durante ese tiempo, conectaremos con nosotros mismos para preguntarnos cómo estamos.

Ese espacio seguro nos permitirá disfrutar de un instante de soledad en el que generar un diálogo interno positivo y amable con nosotros mismos. Profundizaremos en las preocupaciones para convencernos de que todo va a ir bien. Aliviaremos angustias y lo más importante; racionalizaremos miedos.

Programar momentos felicidad

La felicidad es bienestar y satisfacción. Es estar bien con uno mismo sin que nada sobre, sin que nada falte. Para calmar la mente ansiosa debemos por tanto ‘programar’ a lo largo del día alguna actividad que nos genere esas sensaciones. Es esencial que en cada una de nuestras jornadas podamos disfrutar de esa hora o dos horas donde distraernos, descansar, incentivar positivamente al cerebro.

Basta, simplemente, con hacer algo que nos guste, que esté en sintonía con nuestras pasiones y personalidad (pasear, hacer algún curso, escuchar música, quedar con amigos, etc).

Mis canales para el desahogo 

La ansiedad necesita también algún canal de desahogo para liberar todas esas energías y tensiones acumuladas. De ese modo, es ideal que recurramos a prácticas como el yoga, mindfulness, algún deporte que nos agrade e incluso por qué no, alguna disciplina artística.

Invertir en salud

El autocuidado también es salud, pero debemos tener claro nuevamente un aspecto: debemos comprometernos firmemente en ello. De este modo, aspectos tan básicos como atender qué comemos, cómo nos alimentamos y qué hábitos seguimos, hará sin duda que nuestro bienestar empeore o mejore. Hay que seguir un plan y cumplirlo.

Salud es también prevención, procuremos por tanto atender y escuchar nuestro cuerpo y nuestra mente. No dejemos por tanto esa molestia física o esa preocupación para mañana, démosle respuesta hoy o acudamos a un profesional. Lo que se deja a un lado puede empeorar. Así que seamos consciente de ello, recordemos que vivir con una mente ansiosa no es vivir, es limitarnos a existir en modo de supervivencia.

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater

Ansiedad y baja autoestima: ¿tienen alguna relación?

Dudar de nosotros mismos, alimentar un diálogo negativo donde el autoboicoteo es constante, va edificando poco a poco la cárcel de la ansiedad. Es el resultado de esa inseguridad que oxida la vida y que deriva casi sin que nos demos cuenta en angustia e inquietud.

Ansiedad y baja autoestima tienen una relación que incide de manera directa en otras dimensiones, como el estado de ánimo o los proyectos en los que nos embarcamos. Así, un hecho común es limitarnos a hacer uso de determinadas técnicas para gestionar el estrés y los trastornos de ansiedad, pasando por alto un detonante muy concreto. Tras esa angustia, tras esa inquietud y sintomatología adversa, habita una mente acostumbrada a sabotearse a sí misma.

Señalaba el psicoterapeuta cognitivo Albert Ellis con gran acierto que una de las causas más comunes de la ansiedad es la autoexigencia. La mente ansiosa siempre tiene miedo a no llegar, a fallar, a mostrar falibilidad o imperfección. Ahora bien, en este proceso en el cual se acumulan tantas angustias por no cumplir, es fácil derivar poco a poco en la idea de que si no alcanzamos determinadas metas es porque no podemos o no las merecemos.

Tras la ansiedad se encuentra en muchos casos la indefensión. Esto es algo a tener presente, porque cuando la visión que tenemos de nosotros mismos se va fracturando, por esas vetas entran los miedos, las inseguridades y la incapacidad para manejar la propia vida.

«Nada puede detener a la persona con la actitud mental correcta de lograr su objetivo; nada en la tierra puede ayudar a la persona e con la actitud mental equivocada».

Ansiedad y baja autoestima, las causas que explican esta relación

Bastaría con hacer un pequeño sondeo para descubrir cuántas personas que lidian con un trastorno de ansiedad, lo hacen también con el peso de la baja autoestima. Si pudiéramos sumergirnos en el rumor de sus pensamientos y en el diálogo interno que fluye en sus mentes descubriríamos, además, varias cosas.

La primera, sería el exceso de frases que se inician del mismo modo ‘no puedo controlar mi ansiedad’, ‘no tengo habilidades para hacer frente a esto’, ‘mejor evito hacer esto porque no vale la pena y seguro que sale mal‘, ‘no me gusta mi físico, no me gusta eso otro de mí», etc. El segundo aspecto llamativo con el que nos encontraríamos sería el siguiente. Muchas personas acaban usando la ansiedad como escudo para no lidiar con el problema original: la baja autoestima.

Así, es común que realicen comentarios o razonamientos como el siguiente: no me presento a esa entrevista de trabajo porque la ansiedad no me va a dejar. No quedo con esa persona que me gusta porque al final mi ansiedad lo estropeará todo. En estos casos, no son conscientes de que la raíz original de la propia ansiedad y de esos pensamientos es la inseguridad y la baja autoestima.

Veamos a continuación más explicaciones que justifican la relación entre ansiedad y baja autoestima.

El eterno miedo al rechazo

Un potenciador de la buena autoestima es sin duda haber contado con una crianza adecuada. Disfrutar de un apego positivo con los progenitores, sentirse seguro y amado es un nutriente esencial. Todo ello genera sin duda tener también una visión positiva de uno mismo y, de ese modo, vamos construyendo una identidad y autoconcepto fuertes y saludables.

Ahora bien, cuando esto falla casi todo acaba desmoronando. Haber pasado una infancia complicada e incluso haber sufrido bullying origina a menudo ese eterno miedo al rechazo. Esa angustia, el temor a ser rechazados nuevamente en cualquier momento (ya sea a nivel afectivo, laboral, etc.) acaba dando forma a los posteriores trastornos de ansiedad.

La relación entre la baja autoestima y el perfeccionismo

En la Universidad de Curtin, en Australia, se llevó a cabo un interesante estudio. En él, la doctora Sarah Egan demostró que hay una relación significativa entre el perfeccionismo, la ansiedad y la baja autoestima. Es más, en los trastornos de alimentación suele verse bastante este vínculo.

Ansiedad y baja autoestima se reflejan a menudo en esa necesidad nuestra por mostrar eficacia y perfección en cada cosa que hacemos. No obstante, al poco aparecen las dudas y la inseguridad, así como ese autoboicoteo de quien se pone en duda a sí mismo y a lo hecho con gran esfuerzo. Todas estas situaciones derivan en frustración y en ansiedad.

La mente que solo se centra en el lado negativo de las cosas

La mente es cautiva a menudo de ese enfoque cognitivo y emocional por donde rara vez entra la luz, el coraje o el optimismo. Es esa visión de túnel donde no se atisba más perspectiva que el fatalismo o el fracaso. Tras esa visión personal se halla la semilla de la baja autoestima, un germen que cohabita durante años en nosotros y que poco a poco va edificando la cárcel de la ansiedad.

No es fácil emerger de estos estados psicológicos. A menudo, ansiedad y baja autoestima crean una aleación permanente donde resulta muy complicado liberar a la persona. Cuando se han creado patrones mentales tan profundos no es sencillo romper ese molde para demostrar a quien sufre, que está en su mano generar un cambio, mejorar en bienestar.

Sin embargo, tal artesanía puede hacerse. Y el camino para iniciar esa mejora es trabajando la autoapreciación. En cuando mejoramos la visión que tenemos de nosotros mismos se crea un avance. En el momento en que uno vuelve a apostar por sí mismo, añadiendo al día a día ingredientes como la confianza, la seguridad, la ilusión y un propósito vital, los miedos van cayendo y con ellos, la estructura de la ansiedad.

Todos tenemos la capacidad y el potencial para invertir en ese proceso. La autoestima es al fin y al cabo, ese músculo que todo lo mueve y que da movimiento y luz a la vida.

Vía: La mente es Maravillosa

Nada me satisface, el vacío de las personas inconformistas

Las personas inconformistas sienten que nada les satisface, por lo que están buscando continuamente algo que les llene sin éxito, sintiendo que nunca están conformes con nada.

Las personas inconformistas sienten que nada les satisface; la sensación de vacío inunda sus vidas. «Mi día a día es rutina, vivir lo mismo una y otra vez. Sentir que nada me motiva lo suficiente y por ello no me apetece hacer nada. Unido a mi escasa motivación, no me siento ni bien ni mal, no soy capaz de vivir la alegría ni la tristeza, estoy en el punto medio, apático, esperando que la vida pase sin más». «Me  siento vacío por dentro». Es el testimonio de una persona que relata sentirse vacío, apático, sin ganas levantarse cada mañana.

En este sentido, sentirse vacío es una de las peores sensaciones que podemos experimentar, es agotador sentir que nada nos llena ni nos motiva lo suficiente.

Muchas personas experimentamos ese sentimiento de vacío en algún momento a lo largo de nuestras vidas. Ahora bien, si se convierte en un estado habitual nos debe saltar la alarma: algo no va bien y quizás necesitemos ayuda profesional para superarlo.

“La gran enfermedad de nuestra época es la falta de rumbo, el hastío y la falta de sentido y finalidad”.

-Víktor Frankl-

Personas inconformistas: ¿dónde nace el vacío?

Soportar el tedio, la apatía y el vacío que se siente puede conducir a algunas personas a intentar llenar ese vacío con actividades que les impidan pensar o con situaciones y personas en las que las emociones sean tan fuertes que consigan llenar de manera ficticia ese vacío que sienten.

Por ejemplo, algunas personas encuentran consuelo en las sustancias adictivas como las drogas y el alcohol, o en comer compulsivamente.

Cuando el vacío existencial no se aborda, la persona que siente ese vacío en su interior intentará, probablemente, llenarlo con todo aquello que le produzca sentir emociones fuertes, para compensarlo.

Sin embargo, ninguna de esas alternativas son soluciones definitivas, son curas momentáneas que solo sirven para acrecentar aún más la sensación de vacío interior.

Por lo tanto, se convierten en personas inconformistas que están buscando y buscando continuamente algo que les llene sin éxito, sintiendo que nunca están conformes nada, que siempre acaban necesitando algo más.

“Es curioso que la vida, cuanto más vacía, más pesa”.

-León Daudí-

¿Cómo puedo llenar ese vacío que siento?

Reconoce el vacío que sientes

«La aceptación de lo que ha sucedido, es el primer paso para superar las consecuencias de cualquier desgracia», tal y como afirma William James, filósofo y psicólogo estadounidense. Con esta afirmación el autor quiere decir que el primer paso para superar lo que nos ocurre es aceptar que tenemos un problema.

En vez de rechazar lo que nos pasa o intentar esconderlo refugiándonos en comportamientos dañinos, es más adecuado empezar aceptando que nos sentimos vacíos y que necesitamos buscar un sentido a la vida.

Permítete sentirte vacío

Deja que te inunde el vacío, la apatía y si necesitas estar triste, llora, si necesitas enfadarte, adelante, enfádate. Recuerda que darle un espacio a las emociones negativas pueden ayudarte a sentirte mejor.

«La tristeza y la oscuridad pueden ser muy bellas y sanadoras».

-Duncan Sheik-

Conócete a ti mismo

Ya lo decía Sócrates al afirmar «conócete a ti mismo para tomar las riendas de tu vida, para ser capaz de autogobernarte a ti mismo».

Por consiguiente, las personas inconformistas que sienten un vacío emocional que les lleva a estar continuamente buscando eso que necesitan llenar, probablemente necesiten dejar de buscar fuera y empezar a mirar dentro sí mismas.

En este punto, es fundamental comenzar a explorar sobre uno mismo ¿qué necesitas?, ¿qué sientes?, ¿qué quieres?, ¿cuáles son tus deseos y tus miedos?, ¿cuáles son tus fortalezas y debilidades?. Estas cuestiones pueden ser un punto de partida para tu propio autoconocimiento y para comenzar a encontrar el sentido de tu vida.

«Recuerda que cuanto más cuides de ti y aprendas a conocerte mejor esa sensación de vacío irá desapareciendo, puesto que el vacío que buscas fuera sólo lo puedas llenar dentro de ti».

Busca actividades y situaciones que te hagan sentir bien

Es frecuente que las personas inconformistas busquen llenar su vacío con situaciones extremas y dañinas que les hagan sentir emociones fuertes, como el alcohol o sustancias tóxicas. Por esta razón, destacamos la importancia de buscar actividades, aficiones, tareas, que sean positivas y sanas que nos ayuden a llenar ese vacío y a explorar qué me gusta y cómo prefiero pasar mi tiempo libre de una forma sana y positiva.

En definitiva, es fundamental, tal y como afirma Jorge Bucay, no dejarse llevar por ese vacío y esa apatía que nos puede conducir a situaciones y actividades negativas, sino que nos centremos en buscar situaciones sanas que nos ayuden. De forma concreta, afirma«no somos responsables de las emociones, pero sí de lo que hacemos con las ellas».

“El hombre se autorrealiza en la misma medida en que se compromete al cumplimiento del sentido de su vida”.

-Víktor Frankl-

Valora lo que sí tienes

Para concluir, es importante para las personas inconformistas echar un vistazo sobre todo aquello que está presente en sus vidas, puesto que estar enfocados en lo que falta provoca que pasemos por alto todo aquello que sí tenemos.

Valora lo que sí tienes, céntrate en lo que te hace sentir bien, en experimentar todo que eres capaz de hacer y aprende a valorar todo lo que tienes en la vida. Recuerda, para esas veces en el que el hilo conductor de nuestra vida parece perdido, que ese sentido está ahí, esperando a ser encontrado.

«Hasta que no te valores a ti mismo, no valorarás tu tiempo. Hasta que no valores tu tiempo, no harás nada con él».

-M. Scott Peck-

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Laura Rodríguez

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